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SALUD PUBLICA |
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análisis de la diseminación y amplitud del consumo de drogas
es un tema de enorme interés a nivel de la salud pública,
dado que permite establecer la medida en que la población de un país
se ha involucrado en las drogas, con el fin de desarrollar acciones que
contribuyan a una efectiva reducción de la demanda.
Reducción de la demanda implica trabajar en el ámbito preventivo, buscando modificar las condiciones que promueven el incremento del número de consumidores. Los profesionales que tienen a su cargo el diseño e implementación de programas de prevención del uso de drogas requieren información descriptiva sobre las características de los consumidores, el tipo de drogas que emplean y la frecuencia de empleo de las mismas. En base a dicha información es posible establecer qué poblaciones están en mayor riesgo de involucrarse en el consumo, las mismas que se convierten en grupo objetivo de las acciones preventivas. Los adolescentes y jóvenes, los escolares, las personas que residen en sectores urbano marginales o las familias que tienen miembros consumidores son un ejemplo de poblaciones que reciben atención en la mayor parte de programas preventivos en el país. La epidemiología es una ciencia que busca describir la magnitud de una enfermedad y las características de quienes la presentan en determinado ámbito geográfico y temporal. En el caso del consumo de drogas la epidemiología se orienta a recoger información vinculada al número de adictos o al porcentaje de personas que están en riesgo de desarrollar una adicción. Asimismo, describe las características demográficas y psicosociales de los consumidores en comparación con las de los no consumidores, permitiendo establecer hipótesis sobre los factores que podrían estar predisponiendo al consumo. Existen diversas metodologías desarrolladas para obtener información epidemiológica; sin embargo el enfoque más empleado es el de la encuesta pues permite establecer las tendencias de consumo en poblaciones específicas, aportando a la elaboración de diagnósticos grupales, regionales y aún nacionales sobre la gravedad y las características del consumo de drogas. A nivel del Perú, el Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO) ha llevado a cabo seis estudios sobre la epidemiología del consumo de drogas en hogares, comenzando desde el año 1986. Si bien la metodología empleada y la cobertura ha tenido ciertas variaciones entre un estudio y otro, en general se ha buscado mantener la comparabilidad de los resultados, con el fin de efectuar un seguimiento sobre las tendencias de consumo y poder establecer el efecto de los esfuerzos de lucha contra las drogas en que el país se ha embarcado. La información que aquí se presenta corresponde al más reciente Estudio Epidemiológico sobre Uso de Drogas en el Perú, realizado por el Centro de Información y Educación para la prevención del Abuso de Drogas (CEDRO) durante los meses de febrero y marzo del año 2001 (CEDRO, 2001). La información evidencia que el 19,0% de peruanos entre 12 y 64 años residentes en localidades urbanas ha recibido al menos un ofrecimiento para consumir marihuana, representando a casi 1 de cada 5 peruanos del mencionado grupo. En el caso de las drogas cocaínicas se observa que el porcentaje de peruanos que ha recibido al menos un ofrecimiento para consumir PBC alcanza al 9,3% de la población y el porcentaje de quienes han estado en la inminencia de consumir clorhidrato de cocaína llega al 6,7% de la población urbana peruana entre 12 y 64 años. Los resultados del estudio epidemiológico 2001 realizado por CEDRO muestran que la prevalencia de vida (uso alguna vez en la vida) de marihuana alcanza al 6,1% de la población que abarcó el estudio. En otras palabras, puede afirmarse que el 6,1% de la población nacional urbana entre los 12 y 64 años ha empleado marihuana al menos una vez en la vida, representando en términos globales a 6 de cada 100 peruanos de zonas urbanas en esas edades. En el caso de las drogas cocaínicas se observa que la prevalencia de vida de pasta básica de cocaína (PBC) alcanza al 2,4% de la población urbana de 12 a 64 años y la prevalencia de vida de consumo de clorhidrato de cocaína llega al 2,0% de esa misma población. Dicho en otros términos, aproximadamente 2 de cada 100 peruanos entre 12 y 64 años residentes en localidades urbanas ha llegado a consumir PBC y un número similar ha consumido clorhidrato de cocaína al menos una vez. En términos poblacionales se tiene que el número de peruanos que ha consumido marihuana al menos una vez en la vida es 1'098,490 aproximadamente; son casi 436,887 quienes han probado pasta básica de cocaína y llegan a ser cerca de 354, 097 los que han empleado clorhidrato de cocaína. Comparando los resultados
de prevalencia de vida de este estudio con los obtenidos en el estudio
epidemiológico realizado por CONTRADROGAS (actualmente denominada
DEVIDA) en 1998 y apreciando el Gráfico 3 puede observarse una
tendencia a la estabilización en los porcentajes de prevalencia
de vida de drogas ilegales, aunque con ligeras variaciones en las tres
drogas consideradas. Así, el porcentaje de personas que ha consumido marihuana se ha incrementado de 4,9% en 1998 a 6,1% en el 2001. También se aprecia un ligero incremento en el caso del clorhidrato de cocaína, pasando de 1,3% en 1998 a 2.0% en el 2001. Sin embargo, el porcentaje de personas que ha probado PBC habría disminuido, pasando de 3,1% en 1998 hasta 2,4% el año 2001. Una primera observación evidencia que el número de personas que está iniciándose en el consumo de PBC se ha reducido mientras está aumentado el número de quienes están comenzando a consumir clorhidrato de cocaína. Este trasvase donde cada vez más personas han probado clorhidrato de cocaína y menos personas han empleado PBC merece una especial atención. Debe tenerse presente que
el consumo de drogas es un problema multidimensional. Las variaciones
en los indicadores relacionados con el consumo de drogas se relacionan
con múltiples factores, entre ellos las variaciones en los precios
de las drogas en los mercados internacionales, los niveles de producción
de drogas y la disponibilidad de las mismas en las ciudades, las acciones
de lucha contra el narcotráfico y los efectos de las campañas
educativas y de prevención que realizan instituciones tanto públicas
como privadas.
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