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Impacto
de las drogas en el Perú
Principales
impactos: Aspectos
Geopolíticos
Desde
1976, la creciente demanda internacional por el producto
cocaína, contribuyó a que los cultivos de
coca se extendieran notablemente en la amazonía peruana
y con especial intensidad en la selva alta. La incomparable
rentabilidad del producto, su independencia de los ineficientes
sistemas de crédito agrario y de los mecanismos de
comercialización oficiales, hicieron que la región
se viera revolucionada por una súbita bonanza económica:
inmigración acelerada, crecimiento desordenado y
el nacimiento de liderazgos locales basados en el poder
económico.
A
la limitada presencia del estado se añadió
la situación de ambigüedad provocada por el
carácter ilegal asociado a un cultivo profundamente
arraigado en la historia del país; ilegalidad asociada
al procesamiento y comercialización de los derivados
de ese antiguo cultivo así como a la presencia de
grupos criminales organizados que tomaron a su cargo dichas
labores.
El
debate internacional acerca de las sustancias ilegales se
centró inicialmente en la determinación de
responsabilidades entre los llamados países productores
y los que ofrecen mercados para las drogas. Para los primeros,
el origen del problema estaba en la demanda que los narcotraficantes
buscaban satisfacer mientras que para los segundos el problema
se suscitaba en una producción ilegal que debía
ser controlada.
Muchos
países han buscado establecer acuerdos y tratados
internacionales para controlar la producción de drogas.
Fácilmente se asumió que la mejor manera de
combatir el consumo de drogas era controlar la producción
en los lugares de cultivo y procesamiento, estableciéndose
acuerdos bilaterales en dicho sentido donde los países
productores se comprometen a disminuir su producción
de drogas.
Hoy,
el discurso está centrado en "la responsabilidad
compartida" entre países y sociedades.
El
poder de la industria de la cocaína en el mundo depende
esencialmente de dos fuentes: a) su base social en el ámbito
de la producción y elaboración inicial; y
b) su base financiera a nivel de los circuitos de comercialización
y distribución en los mercados de consumo. Se trata
de dos aspectos que forman parte del mismo ciclo y aunque
siempre están presentes, tienen pesos diferentes
en los distintos países que participan en él.
En
el contexto internacional de la lucha contra las drogas
se observa que las tradicionales rutas de transporte en
Centroamérica tienen una menor importancia relativa
y que algunos otros países se han convertido en canales
de exportación y potenciales nuevos mercados como
es el caso de Argentina, Brasil, Chile y Venezuela, cuyas
poblaciones jóvenes son víctimas de la amenaza
de las drogas.
En
el Perú la base financiera, el manejo de los excedentes
derivados de la comercialización y la influencia
de los narcotraficantes nunca han alcanzado la misma gravedad
que en otros países. Tal vez esto se debe a que la
participación del país en la industria de
la cocaína ha sido esencialmente en su dimensión
agrícola y sólo más recientemente se
ha concentrado en el procesamiento de drogas.
En
el caso peruano los grupos de narcoempresarios son más
bien locales y se mantienen alejados del manejo de los circuitos
de distribución y comercialización en los
mercados internacionales, sin haber desarrollado carteles
con proyección internacional. Gran parte de los pequeños
productores nacionales generalmente destinan la droga a
los mercados locales, sin generar redes de comercialización
amplias.
En
la actualidad las acciones de lucha contra la producción
y el tráfico de drogas son intensas y sostenidas
y apuntan hacia el desbaratamiento de las bandas involucradas,
rompiendo las redes internacionales que intervienen en el
país. Las acciones de inteligencia han alcanzado
logros ciertamente importantes aunque en realidad queda
mucho por hacer.
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