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Impacto
de las drogas en el Perú
Rehabilitación
y Tratamiento
En
el país existen diversas instituciones, tanto estatales
como privadas que están trabajando en el afronte
del problema de las drogas a nivel de prevención
primaria. En los programas presentados por CEDRO en esta
misma página web, pueden verse las distintas estrategias
de prevención primaria que la institución
lleva a cabo.
El
Perú también cuenta con un gran número
de entidades que trabajan a nivel de prevención terciaria.
(Rehabilitación, tratamiento, reinserción).
Se trata de clínicas, hospitales, comunidades terapéuticas
y centros de atención que en una significativa proporción
han incorporado la metodología de los grupos de autoayuda
aunque enfatizando componentes específicos de acuerdo
a la orientación de los encargados.
A
través de 'Lugar de Escucha', CEDRO ofrece un servicio
de atención al público en casos de adicción,
con el propósito de brindar consejería y orientación
para todas las personas que directa o indirectamente se
ven afectadas por un problema de consumo de drogas. La atención
está destinada a canalizar las demandas de atención
especializada, reforzando y/o incrementando el nivel de
motivación de los pacientes, así como el compromiso
de los miembros de su grupo de pertenencia, para que ambos
se inserten en el proceso de tratamiento, factor imprescindible
para la recuperación del sujeto.
Las
comunidades terapéuticas (CTs) son instituciones
privadas en su mayor parte no profesionalizadas, dedicadas
a la rehabilitación de consumidores de drogas. Generalmente
hacen uso de técnicas psicológicas y una fuerte
orientación religiosa, permitiendo la cohesión
de los grupos y el mantenimiento de los liderazgos, vitales
para la supervivencia de la organización.
Tales
instituciones desarrollan un modelo mixto, con internamiento
en las primeras fases de tratamiento y atención ambulatoria
en la fase de seguimiento. Los fondos para el sostenimiento
de los grupos proceden de: a) aportes en efectivo por parte
de familiares de los pacientes; b) donaciones recibidas
por parte de particulares y empresas; c) actividades de
autosostenimiento tales como cultivo de parcelas o prestación
de servicios menores; y d) subvenciones generalmente en
forma de alimentos ofrecidas por parte de organismos estatales
de ayuda social.
Uno
de los problemas más importantes asociados a la existencia
de comunidades terapéuticas se refiere al nivel de
informalidad en que desarrollan su labor. En efecto, solo
un mínimo porcentaje de centros (aproximadamente
unos 20) están debidamente registrados ante las autoridades
de salud, probablemente debido a que los requisitos para
lograr la formalización son engorrosos e implican
realizar una inversión significativa.
En
el caso de muchas CTs la situación de informalidad
y ausencia de personal profesional ha favorecido la adopción
de prácticas inhumanas en el trato hacia los internos,
habiéndose presentado un gran número de denuncias
sobre abusos físicos que incluso han devenido en
muertes. Los promotores y directivos de las comunidades
terapéuticas generalmente son ex-adictos que bajo
la creencia de que 'solo un adicto puede comprender al adicto-,
se instalan precariamente y comienzan la labor de captación
de pacientes. Los bajos costos implicados y la desesperación
de las familias que sufren la presencia de un miembro adicto
ha favorecido la propagación de este tipo de centros.
Se
han realizado diversas evaluaciones acerca de la calidad
de la atención que brindan las comunidades terapéuticas.
Las conclusiones muestran que la mayor parte de organizaciones
no ofrecen adecuadas condiciones de habitación y
alimentación a los internos, quienes además
no cuentan con atención médica o psicológica
oportuna. Es común que no exista un protocolo de
tratamiento estándar y no se cuenta con programas
de acompañamiento y seguimiento, factores que contribuyen
a la limitada efectividad de este tipo de organismos.
Es
por ello que el estado, las organizaciones civiles y las
universidades , con el apoyo internacional, están
desarrollando programas de capacitación para integrantes
de comunidades terapéuticas con la finalidad de mejorar
la calidad de quienes dirigen las mismas.
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