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Impacto
de las drogas en el Perú
Historia
y problemática de las drogas
Desde
hace 2000 años ha existido un uso tradicional, ritual
y culturalmente legalizado de las hojas de coca en la región
andina. La corona española a través del Virrey
Toledo intentó erradicar el cultivo de coca en el
Perú, obteniendo resultados significativos en el
territorio del Ecuador de hoy. Sin embargo, a pesar de los
esfuerzos implementados, esta empresa fue menos exitosa
en los centros económicos mineros del sur del Perú
y Bolivia pues la coca se empleaba como elemento de pago
para los trabajadores mineros y agrícolas, quienes
la utilizaban como medio para resistir las inadecuadas condiciones
laborales a las que estaban sometidos.
Esta
forma de explotación persistió en la República
y en algunas zonas hasta hace unos 40 años. Todo
esto determinó una cierta ambigüedad en la actitud
inicial y cultural de la población peruana hacia
el problema de las drogas en el Perú (extensión
de cultivos de coca). El uso del clorhidrato de cocaína
a comienzos del presente siglo, creyéndose que tenía
propiedades curativas excepcionales, comienza a crear una
distorsión de sus patrones antropológicos
e históricos, más aún cuando su comercialización
es ilegal y se introduce a comienzos de los años
80 el uso de pasta básica de cocaína ( "crack",
"bazuco") y el clorhidrato de cocaína.
La
afluencia de los campesinos luego de la reforma agraria,
la caída de los precios de productos tradicionales
en el mercado internacional, la demanda por el clorhidrato
de cocaína y la acción de los narcotraficantes,
fundamentalmente colombianos se sumaron a la alianza coyuntural
entre los narcotraficantes y los movimientos terroristas
peruanos que existió hasta 1993 aproximadamente.
El
uso de las hojas de coca para producir sustancias ilegales
(particularmente en la zona de selva), tales como la pasta
básica de cocaína ha tenido un impacto negativo
en la ecología, economía, salud y política
peruana, así como en las relaciones internacionales
del país, convirtiéndose en una seria amenaza
para la integridad y estabilidad del mismo.
Hasta
el año 2003 se estima que existen aproximadamente
20,700 campesinos cocaleros, pertenecientes a núcleos
familiares de 5 a 6 personas en promedio. Se puede afirmar
que en este período existieron aproximadamente 114,000
personas viviendo directamente del cultivo de la coca en
el Perú, siendo los valles del Alto Huallaga y el
Valle del Río Apurímac-Ene (VRAE) las zonas
donde se concentra la mayor actividad cocalera. Dichas personas
encuentran en la coca su principal fuente de ingresos mientras
otro grupo ha regresado a cultivos tradicionales o ha incorporado
cultivos alternativos manteniendo, en algunos casos, un
porcentaje de terreno con cultivos de coca como forma de
protegerse contra las coyunturas adversas del mercado agrícola
nacional e internacional.
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