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El 3.1% del total de
encuestados manifiesta haber consumido alguna vez en su vida pasta básica de cocaína.
Se observa un mayor consumo por parte de los varones (5.7%) que de las
mujeres (0.7%).
La prevalencia se empieza a registrar a partir de los 12 años,
observándose una prevalencia de 0.6% para el rango de 12-18 años. Las tasas más altas
se registran en los rangos de edad de 30 a 39 años (6.3%).
La tasa de prevalencia de Lima es menor a la observada en provincias
(Lima: 3.3%; provincias: 2.8%), siendo la región de la selva quien presenta la tasa más
elevada (4.0%) y la sierra la más baja (0.5%).
Las tasas más elevadas se encuentran en el nivel secundario (3.5%) y
superior (3.2%) tanto universitario como no universitario.
En relación a la clase social se encuentra que el consumo se presenta
predominantemente en la clase baja (3.2%), que en las clases alta/media (3.0%)
(Rojas,M y Castro de la Mata, R. (1996).
Epidemiología de Drogas en Población Urbana Peruana, 1995 -
Monografía de Investigación N 15 CEDRO - Lima)

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La pasta básica de
cocaína es el alcaloide impuro que se obtiene como un primer paso en la extracción a
partir de las hojas de coca. Cuando se calienta, sufre un proceso llamado de sublimación,
pasando directamente de sólido a vapor. La pasta queda como un polvo color blanquecino
mate, que se introduce en un cigarrillo de tabaco o marihuana, se consume bajo la
modalidad de inhalación de bocanadas de humo y que pasa directamente a los pulmones donde
se absorbe con gran rapidez, produciendo un efecto muy intenso y una dependencia de
extrema gravedad.
Para la preparación de la pasta básica de cocaína, se procede a la
alcalinización de la hoja de coca, secado, extracción con solvente orgánico
(querosene), precipitación con ácido fuerte (ácido sulfúrico), disolución del residuo
en agua y precipitación última con álcalis.
A la pasta mezclada con tabaco se le conoce como "tabacazo";
si está mezclada con marihuana , se le conoce como "mixto".

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Existen investigaciones
cuyas conclusiones indican la alta probabilidad que el consumo de PBC condicionaría
daños estructurales y alteraciones en la adicta gestante a nivel de desarrollo
embrionario y fetal; también provocaría alteraciones en el neonato de la cónyuge
gestante, idénticas y más acentuadas que las de la adicta gestante.
Las alteraciones más significativas halladas, permiten delinear un
perfil de tipo clínico en los hijos de dependientes de PBC, caracterizado por:
hiperkinesia motora, distraibilidad, ansiedad, rabietas, agresividad, desobediencia
patológica, enuresis primaria, alteraciones morfológicas poco comunes (óseas,
musculares, cardiacas, etc.), sistema inmunológico deficiente, medidas antropométricas
inadecuadas, retraso en la adquisición inicial del lenguaje, deambulación, conductas
motoras finas deficientes y alteraciones en la escolaridad.

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Afecta el funcionamiento
de las áreas de asociación: los guardianes del comportamiento social. Por ello se altera
el juicio, se produce una liberación de inhibiciones y los adictos presentan agresividad,
reacciones de pánico y eventualmente depresión agitada.
Las altas dosis crean una sensación de fortaleza mental, poder
personal y muscular, produciendo también alucinaciones visuales, auditivas y táctiles.
Las ilusiones paranoides, que incluyen la idea de ser perseguidos,
combinados con la sensación excesiva de poder personal, pueden hacer de la persona que
consume grandes dosis, alguien sumamente antisocial y peligroso.

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