|
CONSUMO,
FACTORES Y MOTIVACIONES
Un
estudio de CEDRO sobre los factores de riesgo para el consumo
de drogas comprueba que el consumo de tabaco es una de las
vías más seguras hacia la drogadicción
además del consumo del alcohol.
La razón de esta diferencia tiene que ver con un
elemento básico del comportamiento del consumidor
de drogas; la atracción que tiene el cometer un acto
que infringe las normas establecidas.
El
niño que consume tabaco está, de hecho, trasgrediendo
normas, burlando la vigilancia de sus padres y apartándose
deliberadamente del comportamiento que se espera de él.
El consumo de alcohol, dentro de ciertos límites,
es en cambio mejor tolerado en nuestra sociedad. Se toma
bebidas alcohólicas en público, no en secreto;
es más, es algo que en ocasiones se hace en familia.
Esta
observación no significa en si misma, que el alcohol
sea menos dañino que el tabaco o viceversa. Pero
si echa luces sobre un aspecto de la "motivación"
del consumidor: el consumo de drogas -acción clandestina,
desafiante de la norma establecida- es una secuencia más
lógica y las drogas de síntesis se están
convirtiendo más comunes entre los jóvenes.
Comprobaciones
como ésta son un camino interesante para elaborar
cada vez mejores estrategias de prevención del consumo
de drogas. Como se sabe, este consumo está en aumento
en nuestro país. Hoy en día, la marihuana,
cocaína y las drogas de síntesis se están
convirtiendo más comunes entre los jóvenes.
El
ambiente que rodea a un niño o adolescente es un
factor de riesgo. Precariedad, privación, necesidades
insatisfechas: todas esas circunstancias conforman, por
así decirlo, la "ecología negativa"
de la drogadicción. Las amargas conexiones entre
pobreza y consumo de drogas nos puede sugerir que también
aquí se necesita acciones urgentes, pero a la vez
una estrategia concebida globalmente y para el largo plazo.
Esas
circunstancias materiales se traducen en experiencia vivida,
lastiman las sensibilidades: carencia de metas de vida y
baja autoestima, condiciones que, por lo demás, se
presentan no solo en los niños y jóvenes pobres,
sino también en los de situación económica
menos precaria. Y todo ello nos remite a un vértice
crucial del problema. ¿ Estamos realmente educando
para la salud física y mental?
¿
Estamos moldeando personalidades capaces de elegir entre
lo conveniente y lo inconveniente, por encima de las presiones
del grupo? Como sugiere el especialista de CEDRO, Martín
Noda del Servicio "Lugar de Escucha", muchas veces
la caída en el consumo de drogas comienza en la incapacidad
del niño o del adolescente para decir un simple "no".
Los padres, maestros y sacerdotes deberían tomar
nota.
|