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Clorhidrato de Cocaína

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Dentro de las drogas ilegales consumidas en el país, el clorhidrato de cocaína es la droga de menor prevalencia (1.9%); observándose que es más consumido por los hombres (2.9%) que por las mujeres (0.9%)

Si bien se encuentran evidencias de consumo a la edad de 12-18 años (0.5%), son los grupos etáreos que incluyen desde los 25 a 39 años en donde se presentan las tasas más altas (25-29: 2.2%; 30-39: 5.1%).

La tasa más alta (4.3%) se encuentra en el nivel de instrucción superior universitaria, hacia el cual estaría asociado, reportándose, asimismo, que Lima es la zona que de más alta tasa de prevalencia (2.6%), con respecto a provincias (0.7%).

El estrato medio alto muestra una tasa de prevalencia de 3.4% frente a un 1.4% perteneciente a estratos bajos.

* (Rojas,M y Castro de la Mata, R. (1996).
Epidemiología de Drogas en Población Urbana Peruana, 1995 - Monografìa de Investigación Nro 15 CEDRO - Lima)

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La cocaína es un poderoso estimulante del sistema nervioso central, derivado de las hojas del arbusto Erythroxylon coca nativo de Sudamérica, especialmente de Perú y Bolivia, donde florece en los valles templados de cerca de 1,500 m. sobre el nivel del mar.

La cocaína es una de las drogas conocidas más antiguas. El uso ritual y terapéutico de la hoja de coca se remonta a unos 500 años a.c.

En un principio, la coca se empleaba en ceremonias religiosas para introducir el trance de meditación y como ayuda para comunicarse con la naturaleza. Los incas reservaban el consumo de la coca para los nobles y sacerdotes y aquellos que gozaban de un extremo favor imperial les permitía consumirla.

Después de la "conquista" del Perú por los españoles, el uso de la coca estuvo prohibido, hasta que estos últimos descubrieron que los indios podían trabajar más con menos alimento cuando usaban la droga. Dicha práctica llegó a convertirse en un hábito que aún persiste en la actualidad.

La cocaína posee un intenso efecto anestésico local. Este efecto fue descubierto en París por el peruano Tomás de Moreno y Maíz a mediados del siglo pasado. Veinte años después, Carl Koller comenzó a usar la cocaína como anestésico local en oftalmología y poco después su uso se extendió a todas las especialidades quirúrgicas. Debido a su toxicidad y capacidad de producir adicción, la cocaína fue reemplazada por otras sustancias y en la actualidad su uso ha quedado muy restringido.

En 1884, Sigmund Freud inició una serie de experimentos y publicó numerosos artículos sobre los supuestos "efectos benéficos" de su consumo hasta sufrir el mismo el proceso adictivo, retractándose por completo de sus anteriores observaciones.

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En el "coqueo", las hojas humedecidas por la saliva y mezcladas con una sustancia alcalina (llipta o tocra) se mantienen en la boca de tal modo que el alcaloide se va absorbiendo por la mucosa de la boca de manera lenta y en cierto modo controlada durante un período de más de media hora. A través de esta práctica se presentan los efectos característicos de la cocaína, siendo notable sobre todo el efecto antifatigante y la disminución del hambre.

El "coqueo", también conocido como: "chaccchado", o "acullicado"; en grandes cantidades y a lo largo de los años, dá lugar a la aparición de síntomas de compromiso del sistema nervioso central: rigidez, lentitud en la marcha, reacción lenta a los estímulos, dificultad al hablar. En general, en las poblaciones donde el coqueo es prevalente, son muy altos los índices de analfabetismo, desnutrición, infecciones y malformaciones congénitas.

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Los efectos de la cocaína se manifiestan en las áreas cerebrales produciendo euforia, estimulación, disminución de la fatiga, alteración de la vigilia del individuo; todo ello ocurre por la acción excitadora de la cocaína, que se opone al efecto depresor del alcohol sobre el sistema nervioso central.

El consumidor puede permanecer despierto mucho tiempo; sin embargo, ello genera un deterioro más violento del organismo.

Como la vía de administración es intranasal, se produce anestesia local de las membranas y observamos que el consumidor tiene adormecida gran parte de las vías respiratorias (nariz) y otras cercanas a la vía de administración, como la boca, los labios y los dientes. Debido a este adormecimiento, presenta respiración fuerte; cuando habla, exagera la pronunciación de las palabras (hace gestos y muecas).

El usuario experimenta estimulación, locuacidad y hasta verborrea. Cuando se consume en grandes dosis, presenta rigidez muscular, psicosis paranoica y comportamiento violento.

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